Querido amigo laico

miércoles 29 de julio de 2009

Amigo mío, que para ti hoy es un simple y cotidiano miércoles, el 29 de julio. Me gustaría contarte un relato escalofriante.

Me gustaría contarte el relato de un holocausto que tú no tienes en cuenta, pero que al menos deberías recordar. Un holocausto que no tiene documentación escrita salvo por una pequeña meguilá, manchada de sangre. Un holocausto que no aparece en los museos y que carece de películas, campos de exterminio o desfiles. Un holocausto horrible, el primero al que tu pueblo fue sometido y por el cual fue expulsado de su tierra: la destrucción de Jerusalén.

Un holocausto terrible no sólo porque, numéricamente, fue el peor en toda la historia del pueblo judío, sino por su significado y porque fue la causa de la posterior diáspora de tu pueblo, que dio inicio a miles de años de agonía, sufrimiento y muerte.

Quisiera contarte que hoy es 9 de Av, el día de la destrucción del Primer y Segundo Templo de Jerusalén, el día en que todo el pueblo judío se unifica en duelo, llanto y lamentación.

También quisiera pedirte un pequeño favor. Incluso si tú no ayunas hoy, estoy seguro de que respetas el recuerdo de los miles de judíos exterminados en la destrucción de Jerusalén. Detente, aunque sólo sea por un instante. Un instante de reflexión y comunión con la memoria de los que perecieron y con la memoria de los millones que murieron desde entonces en la diáspora, por el mero hecho de ser judíos... y recuerda. Recuerda que eres judío.

Traducción de un artículo de Yair Borochov en ynet, la versión digital de Yedioth Ahronot.

4 comentarios:

José Cohen dijo...

Gran artículo.

Anónimo dijo...

Oh, ahora mucho mejor.

Anónimo dijo...

Hasta pareces humilde y sensible.

clarita dijo...

exelente tu articulo y es verdad no hay que olvidar

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