En un checkpoint de Cisjordania

domingo 1 de noviembre de 2009

Durante el rutinario discurso matutino, el comandante nos dice que hoy no será un día cualquiera. En un tono que oscila entre la euforia, la rabia y la cautela, nos explica que hoy es el último viernes de Ramadán, el mes de mayor importancia del calendario musulmán, en que los fieles realizan un ayuno diario desde el alba hasta el anochecer. Tras hacer el recuento y comprobar que todos los soldados estamos presentes, nos da la últimas instrucciones antes de partir hacia el checkpoint de Kalandia, en la región de Atarot, a 3 kilómetros al sur de Ramala.

Kalandia es un campo de refugiados palestinos establecido en 1949 tras el armisticio árabe-israelí que puso fin a la Guerra de la Independencia. A la salida de campo de refugiados se encuentra el paso fronterizo de Kalandia (conocido también como checkpoint de Kalandia), que funciona como una de las entradas principales a lo largo de la barrera de separación y por donde circula la mayoría de palestinos entre Ramala y Jerusalén. Durante todo el año, los palestinos que posean la documentación requerida por el ejército pueden entrar a Israel, ya sea por razones religiosas, atención médica, educación o trabajo. Pero no en Ramadán.

Las órdenes son claras y precisas. Sólo los hombres mayores de 50 años (45 años para las mujeres), casados y con un salvoconducto especial del ejército tienen permitida la entrada a Israel para asistir a las oraciones en la Mezquita de Al-Aksa. Todos los habitantes de Cisjordania de entre 14 y 50 años, aunque posean un permiso para el resto del año, tienen prohibido pasar.

En el checkpoint el alboroto es abrumador. Miles de personas esperan su oportunidad de intentar entrar a territorio israelí en medio de un terrible descontrol. Al tiempo que los soldados controlamos el acceso de palestinos a la ciudad santa, efectivos de la policía de fronteras y rescatistas de la Media Luna Roja evitan que se produzca una avalancha humana, ayudando a mujeres y niños a no ser aplastados por la multitud.

De repente, mi superior me hace una seña con la mano. Un autobús procedente de Ramala acaba de llegar. Rápidamente, me acerco con otros tres soldados para inspeccionarlo. Espero que mis compañeros se coloquen en posición, cargo mi M-16, le quito el seguro y subo al vehículo.

- ¡Que todo el mundo saque su documento de identidad! - digo con voz firme.
- Soldado, mis hijas no tienen documentación, son muy pequeñas - me dice una señora árabe, señalándome a dos chicas en edad adolescente.
- No recuerdo haberle dado permiso a nadie para hablar, que nadie abra la boca, y mucho menos en árabe - reacciono de acuerdo al reglamento.

En esos autobuses toda precaución es poca. Según el reglamento, un autobús estacionado en un checkpoint debe ser inspeccionado por cuatro soldados, de los cuales solamente sube uno de ellos. Un soldado se coloca en la puerta de entrada, otro en la de salida y el cuarto, desde afuera, sigue sin pestañear los movimientos del que está arriba del autobús.

- El que no tenga documentación se tiene que bajar del autobús.
- Soldado, por favor - me vuelve a interrumpir la señora árabe. - Mis hijas, ¿no pueden pasar? - Me pregunta asustada.
- ¿Qué edad tienen sus hijas? Le pregunto, fingiendo un mínimo interés.
- Dieciséis y dieciocho años. Son mis hijas pequeñas - me explica.

En ese momento me viene a la memoria el temprano discurso del comandante y sus estrictas medidas de seguridad. Todos los habitantes de Cisjordania de entre 14 y 50 años, aunque posean un permiso para el resto del año, tienen prohibido pasar. Pero ¿qué peligro pueden suponer dos niñas de 16 y 18 años?

- Señora - le digo a la madre palestina. - Voy a dejarla pasar con sus hijas, pero asegúrese de tramitar los documentos si quieren seguir entrando a Israel.
- ¿De verdad? - Me pregunta sorprendida y con una sonrisa de oreja a oreja. - ¡Gracias, soldado, que Alá lo bendiga, gracias!
- Señora, no me dé las gracias, me compromete con mis superiores - le digo con cautela.
- ¡Gracias soldado, gracias! - Gritan ella y sus hijas, de todas formas.

El autobús arranca y continúa en dirección a Jerusalén. De nuevo en el checkpoint, mis superiores se acercan y me observan con extrañeza.

- Ariel, ¿qué acaba de pasar ahí arriba? - Me pregunta el comandante de turno.
- No lo sé, ¿qué acaba de pasar? - Le pregunto yo.
- Ariel, acompáñame por favor... Y no opongas resistencia.

Checkpoint de Kalandia, otoño de 2005
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El estrés israelí

viernes 23 de octubre de 2009

En Israel la gente está nerviosa. En el banco, el correo o el supermercado el orden y la tranquilidad brillan por su ausencia. Uno no puede salir de casa a realizar un simple y rutinario trámite sin que le griten, le den un mal servicio o lo miren mal. Be Israel caja ze... te dicen los israelíes, seguros de que ellos tienen la razón y tú estás equivocado; así es en Israel. Por supuesto, lo que para unos es malo tal vez para otros no lo sea tanto. Pero lo cierto es que muchos olim jadashim (nuevos inmigrantes) hispanoparlantes coincidimos en criticar el nivel de educación de la sociedad israelí.

En comparación con otros países, en Israel el día comienza muy temprano, y ya a las 7 de la mañana alguien está llegando tarde al trabajo. El hecho de que los israelíes estén siempre apurados se refleja claramente en la vida diaria, en su manera de ser, en su trato al prójimo y, sobre todo, en su forma de conducir. Cuando un israelí viaja al extranjero, la parte más peligrosa del viaje es el camino al aeropuerto Ben Gurión. En el banco, por citar un ejemplo, los números de turno están sólo para hacer bonito, nadie los respeta. Es típico el israelí que se acerca de repente a la ventanilla, estando el banquero ocupado con un cliente, para "solamente hacer una pregunta". Aj shelí, ze rak sheelá capara... Y aunque aquí la gente está acostumbrada, a muchos les cuesta adaptarse, en ese aspecto, a la sociedad.

Si uno quiere preguntar cómo llegar a un determinado lugar, tan sólo le basta con decir el nombre de la calle. Ni "disculpe", ni "buenos días", ni "tal vez usted me puede ayudar", ni "cómo se llega a...". Nada de esas minucias protocolares, solamente el nombre del destino y a viajar sin despedirse ni agradecer por la ayuda. Es decir, que si yo le quiero preguntar a una persona la manera de llegar, por ejemplo, a la avenida Herzl, me sobra con decirle simple y llanamente "Herzl". Nada de "buenos días señor, ¿tal vez usted me pueda indicar cómo llegar a la avenida Herzl?" En Israel la gente suele tener prisa, y es muy probable que antes de terminar de decir "buenos días", la persona ya se haya marchado.

La última vez que estuve de visita en España, me sorprendió ver a la gente haciendo cola para subir al autobús. Confieso que al principio no entendía qué hacía la gente esperando con tanta prolijidad y paciencia a que el conductor abra la puerta, y es que al parecer ya me había acostumbrado al sistema israelí, en que todos se amontonan al lado de la puerta a gritos de "yo estaba primero".

Si no recuerdo mal, en España hay una enorme línea pintada en el suelo a unos 3 metros de los mostradores, ya sea para comprar un ticket de tren o para pedirle turno a oftalmólogo, con la inconfundible frase de "espere su turno", que todo el mundo respeta. Pues aquí, en Israel, no sólo no existe tal línea de espera, sino que es común que tres o cuatro personas sean atendidas a la vez y, por supuesto, a grito limpio.

A pesar del nivel de educación de las personas, Israel tiene un nosequé que atrae una y otra vez. En el aeropuerto de Barcelona, esperando el vuelo para volar de regreso a Tel Aviv, me llamaron por megafonía a la sección de embarque de mi vuelo. No hizo falta que me acercara demasiado para distinguir, bien a lo lejos, el mostrador de El Al, claramente diferenciado del resto de compañías, no por sus extremas y ya conocidas medidas de seguridad, sino por el tremendo escándalo que estaban haciendo los israelíes. Los miembros de seguridad habían acordonado toda una esquina, una decena de agentes recorría la zona intentando mantener el control entre los israelíes, al tiempo que éstos gritaban como locos de un rincón a otro del aeropuerto. De repente, y aún sin ni siquiera haber subido al avión, me sentí de vuelta en casa.

Israel, judíos, Cataluña, catalanes

sábado 10 de octubre de 2009

A Israel le pasa, en el mundo, algo similar a lo que, en España, le ocurre a Cataluña. No hay más que sentir o ver las palabras-chispa (Israel, judíos, Cataluña, catalanes) y al instante se enciende el fuego de la prevención, la sospecha o la criminalización inmediata. Su simple mención tiene la virtud de provocar reacciones irracionales de rechazo, alerta o culpabilidad, de poner en guardia a todo el mundo, por si acaso... En ausencia de judíos auténticos en el paisaje español, los catalanes han hecho la función ("los judíos de España", decía Baroja), convirtiéndose en judíos sobrevenidos, a los que se aplican todos los reproches, tópicos y prejuicios del antisemitismo, salvo de haber matado a Jesús, por lo menos hasta ahora: gente tacaña, interesada solamente por el dinero, etc.

El texto anterior pertenece a un artículo firmado por Josep-Lluís Carod-Rovira, vicepresidente de Cataluña, en el diari Avui el pasado miércoles 7 de octubre. El intento de comparación entre un fenómeno aislado, como es la catalanofobia, con el antisemitismo, un fenómeno que durante más de dos mil años ha perseguido al pueblo judío de manera asfixiante, llegando a provocar el mayor crimen en la historia de la humanidad, es un vil ejercicio de banalización cuyo planteamiento no se sostiene por ningún sitio.

Muchos miedos e inseguridades del uniformismo identitario más rancio en relación con el otro, hacia aquello que es diferente, se han canalizado, en España, contra judíos y catalanes, haciendo de ello frecuentemente una sola cosa. El propio Quevedo era capaz de escribir, casi al mismo tiempo, un libelo antijudío y otro anticatalán, tal vez uno con cada mano.

[...] Ayer y hoy, en España, judeofobia y catalofobia van de la mano.

El diagnóstico de Carod es, lamentablemente, erróneo. A lo largo de la historia, el tradicional antisemitismo católico español ha podido también encontrarse, en distintas épocas, en el territorio catalán: la matanza de judíos en el call de Barcelona en 1391; la famosísima disputa entre el representante cristiano, Pau Cristiá, un judío converso, y el gran rabino de Cataluña, Najmánides, del año 1261; la publicación en 1280 del Pugio Fidei de Ramón Martí, manual antisemita de referencia para la mayoría de autores cristianos de la Edad Media; etc.

Como su propio nombre indica, el Pugio Fidei (Puñal de la Fe) es un combate en ofensiva, un asalto contra el judaísmo. La obra no estaba destinada a los judíos sino a los misioneros cristianos que debían ser advertidos: "el judaísmo es una peligrosa herejía contra el Antiguo Testamento que ha sido sembrada por el Diablo y que sólo podía causar daño. Cuanto antes fuese extirpado, mejor para la sociedad cristiana".

Muchos catalanistas son antisemitas y muchos catalonófobos son defensores del estado de Israel y el pueblo judío. Ejemplos los hay por doquier... Véanse las constantes muestras de judeofobia de los miembros de Iniciativa per Catalunya (partido político catalanista) o la firme defensa de Israel que realiza la COPE (emisora de radio próxima al Partido Popular que deslegitima a Cataluña de manera incesante, fomentando en algunas ocasiones el odio al catalanismo). En España, los críticos con el estado de Israel suelen tener una visión favorable a las aspiraciones de los catalanes y al derecho de todos los pueblos a la autodeterminación.

Sin ir más lejos, Joan Tardá, un diputado de Esquerra Republicana de Catalunya, declaró en enero de 2009 que "todos los soldados del ejército de Israel sean incluidos en la lista de genocidas que deben ser requeridos para dar cuenta de crímenes contra la humanidad".

Para un servidor, que es judío e israelí, resulta muy halagador el hecho de que el vicepresidente del Govern de Catalunya se sienta unido, de un modo emocional, al pueblo judío, pero ¿no es ERC tu propio partido, Carod?

Premio "Las ruedas de Ahmad Yassin"

sábado 3 de octubre de 2009


Desde el blog La Voz Liberal, el bloguero Melvin me ha otorgado el premio "Las ruedas de Ahmad Yassin", con el cual se reconoce a los blogs que luchan permanentemente contra el terrorismo islamista en la red.

Otorgado inicialmente por el blog Patria Judía, el premio rememora la eliminación en 2004 del jeque Ahmed Yasín, fundador de la organización terrorista Hamás y responsable directo del asesinato de cientos de civiles inocentes, por medio de un helicóptero Apache enviado para tal efecto por Ariel Sharón, el entonces Primer Ministro de Israel.

Por mi parte, me gustaría otorgar este premio a los amigos de Hasbarats, un colectivo de profesionales de los medios de comunicación que lucha desde Cataluña contra el antisemitismo. Hasbarats es un juego de palabras entre hasbará (esclarecimiento, en hebreo) y esverats (escandalizados, en catalán). El equipo de Hasbarats lucha desde su blog contra la judeofobia que campa descaradamente en Cataluña y contra la dictadura informativa impuesta desde sectores supuestamente progresistas que se han hecho con la dirección de los medios públicos.

Agradezco a Melvin por este inmerecido premio, que espero sirva de motivación para seguir adelante con el proyecto. Muy agradecido.

Señal de vida de Guilad Shalit (en español)

viernes 2 de octubre de 2009



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* Empezó el remate (Pensando Israel)

Paseo familiar en Yom Kipur

lunes 28 de septiembre de 2009

La calles de Israel amanecieron hoy desiertas y silenciosas con motivo del Día del Perdón o Yom Kipur, la fecha más solemne del calendario judío. Según la tradición religiosa, el Yom Kipur es el día dedicado a la reflexión y expiación de los pecados del hombre. La comida, la bebida, el aseo personal y las relaciones matrimoniales estás estrictamente prohibidas durante toda la jornada que, como toda festividad hebrea, comienza con la puesta del sol y continúa hasta el anochecer del día siguiente.

Desde el atardecer, las cadenas israelíes de televisión cortan la programación, las emisoras de radio guardan silencio, todos los establecimientos (incluso aquellos que abren normalmente los sábados o los que venden comida no casher) cierran, se cancelan todos los vuelos internacionales y todas las fronteras del país permaneces selladas durante 25 horas. Tanto religiosos como laicos respetan un pacto no escrito para dejar las ciudades libres de circulación, que son aprovechadas por los niños para andar en bicicleta o patines por el centro de la calle.

Mi hija Ilanit, que está aprendiendo a caminar, supo aprovechar el vacío de las calles de Ashdod para dar sus primeros pasos, con un poco de ayuda...



Al contrario de lo que muchos gentiles creen, Yom Kipur no es un día triste, sino todo lo contrario. La literatura rabínica describe este día como el más espiritual del año. Es por eso que los judíos se visten de banco, para ser como los ángeles, quienes no comen ni beben.

Muchos israelíes aprovechan el día para pasarlo en familia y pasear por las desérticas calles. Véanse algunas fotos tomadas hoy en la ciudad de Ashdod:








Gmar Jatimá Tová

Hazle boicot al boicot

sábado 19 de septiembre de 2009

En las últimas semanas ha surgido, especialmente en España, un terrible afán boicoteador cuya víctima es todo lo relacionado con Israel. Frutas y verduras Carmel, agua mineral Eden o cremas y sales Ahavá del Mar Muerto son sólo algunos de los muchos productos que los impulsores del boicot a Israel pretenden boicotear. La lista es enorme y no se limita solamente a productos fabricados y exportados por Israel, sino que incluye también a representantes del arte, la cultura y el deporte. De este modo, no es extraño que grupos pro palestinos hayan intentado boicotear a Noa, al grupo musical Mayumaná, al Macabbi de Tel Aviv o al equipo israelí de la Copa Davis. Todo lo que tenga que ver con Israel es considerado una amenaza para la paz mundial.

A efectos jurídicos, el boicot es legal en todas las democracias occidentales, ya que se considera un método no-violento de protesta ante algo moralmente reprobable. Pero a pesar de esta apariencia pacifista, detrás del boicot a Israel se esconde un comportamiento extremista y muy poco civilizado. Aquellos que llamaron al boicot contra Noa, la más pacífica de las cantantes israelíes, se refirieron a ella como "embajadora del genocidio" que representa "la fuerza militar de Israel", cerrando con esas acusaciones toda opción dialogadora. El hecho de no poder aceptar a una cantante que siempre se ha mostrado favorable a la causa del pueblo palestino por la única razón de ser judía e israelí demuestra las verdaderas intenciones de los impulsores del boicot, que sólo contemplan la desaparición de todo lo israelí. No son pro palestinos, sino anti israelíes y, muy probablemente, antisemitas.

Pero a la hora de pedir el boicot a (¡todos!) los productos israelíes, uno debe saber que Israel no sólo exporta frutas, agua o cremas de las cuales el ciudadano medio puedo prescindir. Desde hace ya varias décadas, ese pequeño país llamado Israel se ha consolidado como un líder mundial en electrónica, biotecnología, medicina, telecomunicaciones y programación de sistemas. Científicos israelíes del Instituto Weizmann de Ciencias llevan años logrando avances en el tratamiento del cáncer y descifrando los enigmas del cerebro que culminan en enfermedades neurológicas como el alzhéimer.

En el ámbito instrumental médico, se han creado en Israel aparatos para operar que funcionan a través de un láser, rastreadores tomográficos, sistemas de medicina nuclear y una microcámara de vídeo incluida en una cápsula que se traga por la boca y que sirve para filmar el aparato digestivo y detectar tumores cancerosos. Los mayores logros de la alta tecnología israelí se hallan, sin duda, en la industria de programación informática, la energía solar, la seguridad, el tratamiento del agua y la agricultura sofisticada. Asimismo, Israel está entre los países del mundo con más patentes y con mayor número de ingenieros por cada diez mil habitantes.

¿Todavía alguien quiere hacerle el boicot a Israel? Está en su total derecho, ¡hágalo! Pero hágalo bien, y téngalo en cuenta la próxima vez que vaya al supermercado, a comprarse un ordenador o acuda al hospital por un ataque cardíaco.

Como respuesta a este furor anti israelí, un grupo de españoles amigos de Israel han lanzando una campaña que lleva por nombre Hazle boicot al boicot, que pretende satirizar y ridiculizar a quienes llaman al boicot contra Israel.

P.S. - Yo, por mi parte, he decidido unirme a la iniciativa del boicot al boicot, utilizando la mayor cantidad de prodúctos israelíes posibles, empezando por estos calzoncillos con la bandera de Israel y demás objetos del kit.

¡Shaná Tová 5770!